Atlanta: al borde del Matadero

Nueva Chicago 1 – 0

Atlanta sigue sin afilar la cuchilla, en el campeonato no corta ni pincha, no le da el cuero para pelear por el ascenso y se ve cada vez más cerca de los frigoríficos de abajo. Otro “bovino” partido jugado en el que su fútbol continúa de vacas flacas, esta vez el que le escupió el asado fue Nueva Chicago. Derrota 1 a 0 para un equipo que en cualquier momento se convierte en vegetariano.

Por la fecha 15 del amplio torneo de la Primera Nacional Atlanta visitó a Chicago. Se iba a jugar el sábado a las 15 horas en Mataderos, pero el viernes por la noche lo postergaron para el lunes a la misma hora en la cancha de Defensores de Belgrano con tribunas vacías. La suspensión entre gallos y medianoche se debió a una deuda que tiene la dirigencia de El Torito con UTEDYC. Viendo lo que fue el doparti del Bohemio lo ideal hubiera sido que se juegue a puertas cerradas para los futbolistas.

Orfila diseñó para este cotejo el mismo ejército que jugó la fecha pasada en el 1 a 1 ante Almagro. Rago fue el general del arco. Carrasco, Pérez, García y Gallo los oficiales de la defensa. En el medio los estrategas eran Galeano, González y Fernández. La artillería pesada del ataque la configuraron Marcioni, Donato y Bisanz. La coordenada 4-3-3 fue nuevamente la utilizada y la que ya merece ser revisada. A este equipo le sobran soldaditos de plomo y le faltan tenientes y brigadieres.

Atlanta jugó un primer tiempo para homenajear al equipo de Erviti. Sin generar situaciones de riesgo, inseguro en defensa e incómodo Juan Bisanz por la orilla Izquierda. El rival, que no es la octava maravilla, copándole el mediocampo y con algo de lucidez en ataque complicó a un elenco bohemio que le tiras un chasqueboom a su última línea y cree que tiene que llamar a los bomberos por un incendio.

El conjunto de Orfila jugó esos 45 minutos iniciales muy desarticulado, los volantes encargados del fútbol siguen haciendo huelga de hambre y los atacantes están en modo turístico. Esta vez no se jugó para presionar, ni se presionó para jugar, fue una primera mitad sin ideas, fue una fotocopia a color del anterior entrenador.

Chicago al toque de iniciado el encuentro ya pasó por ventanilla y facturó el único gol del partido. A los 9 minutos Leonel Álvarez, con pasado breve en Atlanta en 2017, promulgó la ley del ex, con un remate furibundo que no pudo llegar a detener Rago. Después de ese tanto, El Torito contó con un pack de situaciones de peligro, una de ellas se topó con el poste y las otras con la resistencia del golero bohemio, el único que sobresalió de un equipo que reprobó en todos los puestos.

Para el complemento Orfila, como si fuera una feria americana, no realizó cambios. No sabemos si esto lo hizo para apoyar a los que disputaron la etapa inicial o los estaba castigando por lo mal que jugaron. Hubo una leve mejoría ya que el equipo empezó a tener diálogo con el esférico, es cierto que no lo tuteaba, eran charlas muy breves y todo atado a la predisposición de Chicago, que decidió cederle gentilmente la bola para agarrarlo infraganti de contra.

El primer cambio de El Chano fue el ingreso de Klusener por Donato, que un rato antes no pudo conectar una bocha abajo del arco post envío de Marcioni. De todos modos el equipo está acéfalo en el puesto de “9”, ni uno ni otro se sienten cómodos en el campo de juego. La ausencia de elaboración del medio, la ineficacia de los wines en la zona de los bifes y la poca imaginación de ellos dos para autogestionarse un espacio entre los defensores rivales, provocan que su presencia en el equipo sea testimonial.

Las otras variantes tampoco rompieron el molde. Afuera los dos laterales (Carrasco y Gallo) Adentro Gonzalo Berterame y Evelio Cardozo. También ingresó Fabricio Pedrozo, el fetiche futbolista de El Chano, por un perdidísimo Juan Bisanz que se siente sin conexión wifi cuando juega por la banda ancha izquierda. A pesar de la osadía en las modificaciones el equipo siguió siendo inofensivo, y a diferencia de Rago que tuvo trabajo forzado, el arquero de El Torito (Augusto Bottini) se pudo ir a su casa sin ducharse.

Es preocupante y para ocuparse el desempeño del departamento creativo de Atlanta. Juan Daniel Galeano y Ramón Fernández, los designados para el reparto del juego, están en un nivel bajísimo. De tan poco que convidan la pelota a sus compañeros ya los dos tienen un sapo en la barriga. Es cierto que el hijo pródigo tiene ese juego que por momentos te saca canas verdes, pero debe aportar su galería de recursos humanos, no esconderse en el bosque del equipo. Por otro lado, da la sensación que Don Ramón es un jugador más de rol. Se aprovecharía mejor su vista biónica y sus pases de cirujano cuando las defensas estén cansadas, por eso ofrecería más soluciones como moneda de cambio. Pero más allá de su lugar en el elenco bohemio, sus aportes deben ser más fluidos y precisos. Ambos cuando estén en el campo deben comprometerse y no fugarse.

Quedamos al borde del Matadero. Quinta derrota en 15 fechas disputadas, con solo 3 victorias y 7 pardas. Un nivel nauseabundo en todos los puestos, precario en lo físico y ausente los referentes. La campaña está agujereada en todas partes, es necesario que alguna costurera, un modisto o un sastre empiece a remendar un torneo que lo ve más cerca del sótano que del cielo. La próxima fecha será el viernes a las 19 horas en la mercería de Villa Crespo ante Deportivo Maipú, esperemos que el equipo tenga un funcionamiento a la moda y marque tendencia en el campo de juego, porque si no te afirmas en la pasarela de la Primera Nacional te van a pisar los pies sin piedad.