El fútbol y la metáfora

Hace un par de días, el superclásico entre Boca y River terminó empatado 2 a 2. El empate definitivo de Boca llegó luego de una lúcida jugada de Tévez – el capitán Xeneize-,  que tras liberarse de la marca del zaguero Rojas, habilitó a Villa que definió con precisión ante la salida desesperada del guardameta Millonario Franco Armani.

Al finalizar el partido, el entrenador de River -Marcelo Gallardo-, tomó por el cuello al defensor Rojas y le recriminó que no hubiese cometido foul contra Tevez en el inicio de la jugada. Usó una expresión fuerte; casi destemplada. Pero que, a los que alguna vez jugaron al fútbol, les resulta usual y cotidiana. Una metáfora; que en realidad quiere decir otra cosa…

 “Rompele el tobillo”, le dijo el DT Millonario a su zaguero paraguayo…Todos entendimos que en realidad el “Muñeco” no le estaba pidiendo a Robert (Rojas) que le propinase a Carlitos (Tévez) una lesión ósea…Solo le recriminaba que no hubiese cortado la jugada con un foul para evitar que “el Apache” metiera el pase gol a su co-equiper colombiano (Villa) que determinó el empate final.

 Conocido ese audio de Gallardo, los talk-show del periodismo deportivo se hicieron un festín ridículo y carroñero, analizando el verdadero significado de la expresión del DT Millonario. Más de lo mismo…blablases para llenar la pantalla.

Pero este episodio disparó en mi memoria el recuerdo de Aitor “el Vasco” Izargazábal, aquel fenomenal zaguero de Estudiantes de Calamuchita, que en tan sólo un año en la primera de la institución cordobesa (1971), dejó una huella imborrable que aún perdura entre los más añejos socios de la “Tempestad del Valle”- ese es el apodo -un poco grandilocuente-, con el que se conoce a Estudiantes-.

Aitor nació el 16 de septiembre de 1953 en Astigarraga, Guipúzcoa-País Vasco. No era un niño que llamara la atención, más bien era uno más de los cientos de niños y niñas que nacían en Euzkadi por ese entonces.  Hijo único de Gaizka Izargazábal y Ainoa Urrusmendi, fue un chavalín más entre tantos otros. Nadie tenía demasiado que decir sobre él. Hasta que un día, cuando Aitor tenía 4 años; Ainoa – cansada de sus quehaceres domésticos y viendo que su hijo  no se quedaba tranquilo-, le gritó: “Aitor, por todos los santos, quédate quieto”. Acto seguido, Aitor se quedó paralizado en la misma posición en la que estaba cuando su madre le llamó la atención: el brazo derecho alzado con una piedra a punto de ser lanzada en su mano, la pierna izquierda flexionada casi tocándole el pecho y el brazo izquierdo tirado hacia atrás como si fuese una palanca para lanzar más fuerte la piedra.

 Ainoa continuó con sus tareas. Le dio de comer a las gallinas, a los tres cerdos de su granja, levantó unas papas para la cena y regresó a la casa familiar. Al entrar por la puerta, luego de dos horas, se sorprendió al ver al pequeño Aitor en la misma posición en la que había quedado luego de su regaño. ¡Dos horas habían pasado!…¡¡y el nene seguía en la misma posición!!

Ese fue el momento en que Ainoa descubrió algo de su hijo. Aitor era incapaz de entender las metáforas, el símil, la hipérbole, la ironía o la paradoja. Para Aitor, todo era literal…

Gaizka -el papá de Aitor- era un conspicuo dirigente del Partido Nacionalista Vasco. En esos años la vida con el franquismo no era fácil para los nacionalistas de la península ibérica. Cansados de amenazas, malos momentos y sinsabores, los Izargazábal decidieron emigrar a la Argentina.

A Córdoba llegaron luego de una travesía compleja que incluyó traslados a Galicia, escalas en las Canarias, Brasil y Montevideo y un eterno viaje en tren (parando en todas) desde Buenos Aires a Córdoba.

Aitor creció como un nene cualquiera en el Valle de Calamuchita y desarrolló una pasión inmensa por el fútbol. La cercanía con Estudiantes de Calamuchita lo transformó en hincha primero y en anhelante jugador del “verdirrojo” luego. No fue fácil para él. Su proverbial incapacidad para comprender las metáforas, muchas veces le jugaba en contra. Condiciones no le faltaban. Era rápido, con muy buena técnica e interpretaba el juego mejor que cualquier nene de su edad.

Todo esto se mezclaba con la escuela, nada fuera de lo común y las charlas con su padre y las loas que éste hacía de la lucha armada que los paisanos vascos llevaban adelante en la Madre Patria, Euzkadi. Esto lo marcó a fuego al pequeño Aitor.

Pasaron unos años y Aitor se transformó en un destacado defensor central en las inferiores de “Estudiaaa…”. Su entrenador, el tano Bracciamonte lo conocía bien, casi desde cachorro. Las malas lenguas dicen que el tano y Ainoa se hicieron amantes cuando la mamá de Aitor se hartó de escuchar a Gaizka hablar todo el día de las acciones de los patriotas vascos y de las bombas que se ponían en Bilbao, para hacer retroceder a la dictadura franquista. Nada de esto se pudo comprobar, pero lo cierto es que el tano veía en Aitor a un pichón de Federico Sacchi. Algunos lo comparaban con Perfumo incluso. El “Kaiser vasco”, le decían los habitués a los partidos de inferiores.

Pero Aitor seguía arrastrando su problema, su karma, su estigma. Seguía siendo incapaz de interpretar las metáforas.

En las finales del regional sub 18 – cuando enfrentaban a Defensores de Embalse-, a los 26 minutos del primer tiempo el árbitro cobró una falta en favor de Defensores. El tiro libre cayó en el área de Estudiantes en forma de centro y Aitor elevándose más que ninguno, con esa capacidad atlética que lo distinguía, rechazó el balón fuera del área. “Salí, salí”, grito el flaco Galarza, el arquero de Estudiantes. Aitor lo escuchó y metió un pique hasta el borde del área primero, para dejar en offside a los rivales. Pero no se frenó. Siguió corriendo hasta la mitad de cancha y al llegar a la línea central, dobló a la derecha y con la misma velocidad se metió en el túnel y de ahí, al vestuario…

De nada sirvió que el tano Bracciamonte y el árbitro del partido lo fueran a buscar al vestuario. Aitor repetía una y otra vez que él salió porque el flaco Galarza le gritó: ”salí, salí”.

Su apego a la literalidad le jugó una mala pasada. Pero no sería la única vez…

En un partido contra Sportivo Yacanto de local, el tano le recomendó especialmente a Aitor que si tenía que enfrentar mano a mano al “Gringo” Subertuller, no lo dejara enganchar para adentro. El “Gringo” era el goleador del campeonato y cuando conseguía perfilarse para su pierna hábil -la derecha-, armaba su terrible remate cruzado que casi siempre, por no decir siempre, terminaba con el equipo rival sacando del medio.

“Lo que tenés que hacer, Aitor querido, es llevarlo siempre para afuera, que no enganche para el medio” le dijo el Tano con esa sabiduría que no se consigue en una aplicación de celulares. “Perfecto profe. Llevarlo para afuera”, repitió Aitor asimilando la consigna.

El partido arrancó con Estudiantes bien plantado en campo rival, generándole problemas a la defensa de Sportivo. Pero el gol no llegaba. Y la contra del “Yacanto” era conocida por su eficacia. A los 30 minutos del segundo tiempo, llegó ese instante del temible contraataque de la visita. Subertuller quedó encarado contra Aitor. El Vasco era el único obstáculo entre el Gringo y la gloria…”¡¡que no enganche, llevalo para afuera!!” alcanzó a decir Bracciamonte. Aitor no lo dudó. Se desentendió de la pelota y se abalanzó sobre la humanidad de su rival. Lo tomó por la cintura, se lo calzó al hombro y salió corriendo hacia el lateral derecho mientras el gringo pataleaba como heroína de película muda. Al llegar a la línea del lateral, Aitor tiró a su rival como una bolsa de cal, miró a su DT con una mirada llena de orgullo y le dijo: “Lo llevé para afuera, profe”… El Tano se agarraba la cabeza azorado, mientras veía como el árbitro le sacaba la roja a Izargazábal.

Bracciamonte ya era el técnico de la primera del verdirrojo. Un poco porque sabía mucho de fútbol y otro poco porque no había nadie en el pueblo con ganas de laburar por dos mangos con esos “matungos” (así le decían a los pibes de Estudiantes).

Superados aquellos incidentes, el Tano Bracciamonte volvió a confiar en Aitor. Lo llevó despacio para no apurar su debut en la primera, a pesar de que el Vasco era claramente un defensor de jerarquía internacional. Claro, había que hablarle poquito. Y en lo posible sin sentidos figurados. Pero Izargazábal estaba listo para las grandes ligas…

En las clasificaciones al Nacional del 71, Estudiantes de Calamuchita hizo una campaña excepcional que lo puso en la final del Regional contra Atlético Los Reartes. El que ganaba, clasificaba al Nacional. Boca, River, San Lorenzo…todos los grandes de la Argentina podían ser rivales del querido Estudiantes de Calamuchita. Un sueño, a tan sólo 90 minutos…

El partido se iba a jugar en el Monumental de Santa Rosa, que de monumental tenía solo el nombre. Pero era una cancha neutral. El tano Bracciamonte le habló especialmente al Vasco y le dijo: “Aitor querido, te conozco de pichón. Sé que vos hacés exactamente lo que te dicen. Ni más, ni menos. En este partido, no les des bolilla a nadie. Excepto a mí”
     “Si profe, lo que usted diga. No escucho a nadie. Solo a usted”, contestó Aitor.

 El Partido estaba parejo, ninguno se sacaba ventaja.  A los 20 del primer tiempo, el 8 de Atlético (el Cabezón Velázquez) mete un centro venenoso al área de Estudiantes. Aitor lo anticipa al 9 rival, amaga con jugársela a su arquero y sale con pelota rasante con su marcador de punta izquierdo. El pase lo intercepta el wing derecho de Atlético (el bocha Romero, creo que era) y le sacude un fierrazo que revienta el palo del flaco Galarza y se va por la línea de fondo.

El Tano Bracciamonte, preso del nerviosismo y la presión del partido grita: “¡Aitor la próxima, reventala, por Dios!!”. Unos minutos más tarde, otra vez el Bocha Romero de Atlético desborda por la derecha. Tira el centro y cuando el 9 de Los Reartes (¿era Leguizamón o Ferrarotti? Ya no me acuerdo) estaba por cabecear al gol, aparece Aitor por detrás. Agarra la pelota con la mano y sale corriendo para atrás del arco.  Con la pelota en la mano encara para donde estaba el único policía asignado a la custodia de la tribuna. Lo agarra por detrás, le saca la 9 mm reglamentaria, pone la pelota en el piso y le gatilla 4 balazos. ¡Pum.pum.pum.pum!!. La Adidas Telstar 1970 que había donado el Ingeniero Durañona para el partido se desintegró con los cuatro balazos de Aitor.
–       “¿Qué hacés???” -gritó el tano
–       “Usted me dijo que la reventara” – se justificó Aitor
    El árbitro miraba la escena y cuando estaba a punto de marcar penal, lo vió a Aitor con la pistola reglamentaria en la mano y cobró foul a favor de Estudiantes…

El partido lo ganó Atlético. Estudiantes no llegó a jugar el Nacional ese año, ni nunca. Pero el problema central era Aitor. ¿Cómo hacer que un joven futbolista con todas las condiciones pudiese interpretar las indicaciones más elementales sin caer en la literalidad más implacable?

La situación era insostenible, al pibe no se le podía decir nada sin que lo interpretase de manera literal. Nacido en el País Vasco con un padre simpatizante de la ETA, con condiciones naturales para jugar al fútbol pero incapaz de interpretar las figuras idiomáticas.

Hacer lo posible por transferirlo era la única alternativa que encontraron los dirigentes de Estudiantes. Jugaba muy bien. Si conseguían minimizar su “problemita”, un dinero importante podía entrar en las arcas de Estudiantes.

Por dónde se lo mirase, el incidente de la pistola era una gran noticia: “Futbolista le roba el arma a un policía y revienta la pelota de cuatro balazos”. Canal 8 de Córdoba, picó en punta. Pautó una entrevista con el Vasco en la cancha de Estudiantes. La conducción estaba a cargo de Javier Roberti, el periodista más reputado del momento.
–       Hola Vasco, ¿cómo estás?
–       Bien. Gracias
–       Nos informan, fuentes confiables, que Estudiantes está por transferirte a un equipo grande de Buenos Aires
–       No sabía nada
–             Hay negociaciones muy avanzadas
–             Bueno, me estoy enterando por ustedes
–       O sea, esta es una primicia incluso para vos
–             Si si. Me sorprende…
     Roberti miró a cámara con esa suficiencia impostada de los que trabajan en TV y creen que están a punto de revelar una verdad existencial y dijo: “Izargazábal está a punto de ser transferido a un equipo grande de Buenos Aires. Siempre y cuando él acepte. Esto es una bomba…y está en sus manos”. Aitor abrió la mochila que llevó a la entrevista, activó el mecanismo tal cual se lo enseño su padre… El ruido fue tremendo. Según los testigos se sintió a 12 cuadras de la cancha

Sólo se reportaron daños materiales, ningún herido. Pero Aitor nunca más fue visto por Córdoba. Años después algunos parroquianos de Bilbao dicen que lo vieron trabajando en un call center de una empresa de celulares.  Aferrado a su incapacidad de entender las ironías, lo echaron de allí a los 20 días. Siempre les daba la razón a los clientes.

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